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Pues eso. Que parece que el tabloide-basura británico The Sun acaba de fichar a un nuevo becario para que realice la selección de recortables de las señoritas medio en pelotas que tanta fama han dado a tan prestigioso medio (además de sus "veraces" noticias, claro está).
Y encima, como un ejemplo más de la rapiña capitalista, este pobre becario será explotado sin rubor por un ajustadísimo sueldo que ronda los 10.000 € al mes (migaja más, migaja menos).
Pero alto aquí, que los becarios de hoy en día son de armas tomar, y al parecer ya cobraba tan redonda cantidad desde hace dos años. Contrapartida? Pequeñas notas y comentarios.
Ya, ya sé que este mísero capitán de barco que surca este río sin destino alguno escribe desde la envidia y la rabia que le producen sus agobios mileuristas. Y que con su edad, y según la filosofía liberal, no es más que un simple fracasado.
Pero este fracasado capitán se acuesta en su catre cada noche pensando en Ella, cansado y con ganas de oír el murmullo del agua. Y la conciencia tranquila.
El becario en cuestión dicen que tiene intención de cambiar los recortables de tetonas semidesnudas por los de niños iraquíes desmembrados, que para eso de las masturbaciones, los bajitos con bigote son muy suyos. Y claro, la pasión por la muerte se paga a precio de oro.
Suena la corriente: "She pays the rent" - Lyres

Día lluvioso, triste, nostálgico, fresco,… y luminoso. Será por llevar la contraria (el clima, digo).
Y me ha acompañado de principio a este fin cercano. Escucha tras escucha. Que dos geniecillos como Gary Louris y Jeff Tweedy se junten y yo crea que lo hacen para contentarme, para regalarme vida, me arrebata. Porque considero a The Jayhawks y Wilco las dos bandas más influyentes del rock americano en los últimos años.
El rock americano. Ah, ¿pero hay rock inglés? Me lo digan. Este barco atraca en pocas playas isleñas. Hay gotas australianas. Ladridos suecos. ¿Algo más? ¿Y de aquí? Aquí, bien, gracias, como siempre.
Pues estos dos personajes siguen con sus aventuras paralelas. Y cada vez son más. Golden Smog presentan nuevo trabajo, Another Fine Day. Como el de hoy. Son ellos, más otro Jayhawk, Marc Perlman, otro como si lo fuera, Kraig Jarret Johnson, un Soul Asylum, Dan Murphy, un Big Star, Jody Stephens, una Miracle 3, Linda Pitmon. Cuarto y mitad de supergrupo. Miedo da. Pero no venden virtuosismo. No venden imagen. No venden fachada. Únicamente ofrecen canciones. Y qué canciones.
Sentimiento en flor, emoción, pasajes urbanos y campestres. Guitarras y melodías apabullantes. Rock, pop y raíces. Esta vez sobrevolando más la influencia Wilco. Y rindiendo mirada al pasado. The Kinks. Strangers. Sí, eran/son ingleses. ¿Dónde están sus hijos?
Vale, vale, pero insisto, ¿y de aquí? Pues mira, esta vez toca algo. Esta brillante rodaja está grabada a caballo entre Minneapolis y El Puerto de Santa María. ¿Rock americano, decía? Sí, y con el gran Paco Loco en la producción. Y con su esposa, Muni Camón, que fuera vocalista de Maddening Flames, cantando en Cure for this. Ya ves, sorpresas da la vida.
Da gusto que en un día tan oscuro, haya luz, aparte de la sonrisa de Ella.
Suena la corriente: "Another Fine Day" - Golden Smog

Pensó que no volvería a cantar, a grabar, a actuar. Y pensé que no lo haría cuando vi en la cubeta Por Vida: A Tribute to the Songs of Alejandro Escovedo. La lista de quienes le rendían homenaje era inmensa. Lucinda Williams, Steve Earle, Calexico, John Cale, Peter Case, Ian Hunter, Jayhawks, Son Volt, Minus 5 y más, muchos más.
Una hepatitis C estaba acabando con la salud de Alejandro Escovedo. Y con su dinero, sin seguro privado como tantos americanos en el país de la abundancia. Una joya privada (así la sentía), un carácter que había parido a Rank and File y True Believers, pero que en solitario había dado lo mejor que tenía.
Y tenía ese amor por el rock de raíz, por las guitarras con sudor, por la elegancia que impregna canciones en las que volcaba todo su sentimiento. Tenía su amor por la Velvet Underground, los Faces y Mott The Hoople. Tenía sus colaboraciones con pares que llevaban también muy dentro el mismo veneno y la misma medicina.
Era un hijo directo de Townes Van Zandt, su mejor heredero, igual de empapado en tabaco y alcohol e igual de pagador de tributo.
Pero la aventura merecía que se dejara de hablar en pasado. Y Alejandro Escovedo está bien, y grabando de nuevo, y cantando, y actuando. Uno de sus ídolos de juventud ha producido su nuevo trabajo, The Boxing Mirror. Y aún no puede creer que sea John Cale con quien ha compartido estudio, noches y calor. Se nota en el disco. Varias de las canciones podrían haber sonado en el propio último disco de Cale.
Pero vuelve con los mismos sentimientos de siempre, con la mayor acidez y ternura que el olor de muerte le ha hecho crear.
Y yo me regodeo con esta joya que ojalá no fuera tan privada.
Suena la corriente: "The Boxing Mirror" - Alejandro Escovedo

Dicen, cuenta, escriben, parece que son días estos para celebrar. Cada uno con lo suyo, y algunos tratando de extender sus sentimientos a todo el mundo. Si no sientes como yo, simplemente no sientes. Y me resultan tan patéticos como sus supuestos de enfrente.
Así que yo, en parte por joder, o por llevar la contraria, me refugio estos días en mis propios sentimientos. Que mira por dónde, me da igual que sean compartidos. Más bien creo que en el fondo prefiero que sean únicamente de unos pocos.
Porque llevo mucho tiempo confiando en Cracker, para mí ya una buena panda de amigos, con los que he bebido, bailado, llorado y disfrutado. Sí, no les conozco en persona, no me codeo con ellos en bares, pero como si hubiéramos sudado juntos. Ya digo, no obligaré a compartir mis sentimientos, pero me los creo.
David Lowery me trae uno de sus mejores trabajos en tiempo, Greenland, y comparte parte de su pasado, de un aura misteriosamente lacónica y melancólica. No se muy bien por qué, pero su voz siempre me ha producido tristeza. Recupera sus raíces más americanas, imágenes psicodélicas, historias de aquí y de allí, guitarras, teclados y emociones varias. Imaginería de mil lugares, como en la fantástica Sidi Ifni.
Porque me sale de las pelotas, ahora que estamos en el caso. Y para estos calores, solo busco cerveza, a Ella y Cracker sonando. ¿Patrias? Ya tengo. Las tres de arriba.
Suena la cooriente: "Greenland" - Cracker

Pues eso, que esta semana que empezaba con augurios tan oscuros, emprendió enseguida la senda del mal anunciada. Y ahora todas las bestias están sueltas. En las ondas, en las casas, en las calles, en las cabezas y hasta en los campos.
Tan mal van las cosas que hoy hasta cuarentaycuatro tíos se han puesto a correr detrás de dos pelotas. Y tiene cojones que yo aposente las mías para verles. Y tan contento.
Así que a estas horas, en lugar de dormir (y para intoxicarme un poco más), hurgo en la cera de mis oídos con sonidos estridentes. Y celebro el retorno a la actitud rock y las guitarras sucias en el Riot City Blues de Primal Scream, que por mucho que intenten mantener su estatus de primadonnas epatantes de la modernidad, cada cierto tiempo dan rienda suelta a su rica mugre. Y hacen sudar en medio de estas varias decenas de grados que nos ha regalado el lucifer para celebrar las buenas nuevas que le hemos ofrendado estos días.
Y por sorprendente que sea, yo me los creo. Si es que yo también soy un bestia.
Suena la corriente: "Riot City Blues" - Primal Scream

¿Cómo puede haber gente que aún no crea en el misterio, la cábala, la videncia, los males previstos, los magufos?
Hoy es el día de la bestia. 666
Y ya ha ocurrido. Lo esperado. La catástrofe. Lo infernal. Lo inhumano.
La bestia habló.
Sólo queda orar.
Suena la corriente: "Me and the Devil Blues" - Robert Johnson

Cuando tengo un mal día, trato de alejarme de estas letras (coño, entonces deberías estar lejos siempre, sería mejor para todos), más que nada para no caer en la conmiseración propia. Mis males son minúsculos comparados con los de personas cercanas, lejanas o completamente desconocidas. Já, y digo males, pero ni eso.
Salía esta mañana de visitar una fábrica de pigmentos y el colorido de las máquinas, de los galpones, del cemento, era irreal. Nada es así en el mundo por mucho que haya color. Pero no esos colores, que supongo avivarán luego cualquier pintura.
Y el peso pesa. Cada minuto más. Soy gris. El tipo más gris que he conocido en mucho tiempo. Gris en vida, en trabajo, en ideas, en miedo. Sólo me falta un poquito de caspa en la hombrera (habrá que ponerse a ello y buscar un champú que la provoque). Incapaz de un simple golpe en la mesa. Sin cintura para esquivar la ráfaga.
Sólo Ella da color, fabrica pigmentos. Pero mi grisura devuelve otra vez una imagen irreal.
Muy gris, y me da por saco que dimita la tonadillera, los energúmenos entonen el aporellos o los agoreros analicen la nación (infausta palabreja).
Soy mucho más gris que ellos. Un mal día. O un día realista.
Suena la corriente: "Greenland" - Cracker
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