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Syd Barrett (6 Enero 1946 - 7 Julio 2006)

En todas mis colecciones de cintas siempre incluía al menos una canción de The Madcap Laughs Es un vinilo ya muy gastado. Nunca supe si era una citación a la locura.
Suena la corriente: "The Madcap Laughs" - Syd Barrett

Los mineros trabajaban a destajo. Sabían que el mineral de hierro que extraían de Matamoros, Las Cármenes, El Negro, Elvira, La Parcocha, Los Alemanes, La Mamen, La Cantera Macho y todas las demás minas de Gallarta, de Sopuerta, de toda la cuenca minera vizcaína, se llevaba por delante tristeza, agobios y vidas.
Apenas dar de comer a la familia (siempre numerosa, demasiado numerosa), tomar unos potes con los amigos, tener para alguna apuesta en el frontón o pagar las copas perdidas al mús. Ninguna extravagancia. Simplemente supervivencia.
Codo a codo con los ingleses, que habían traído las máquinas, la infraestructura, la logística y el football. Ese deporte corremillas que se imponía en los tiempos muertos del puerto de Bilbao.
Pero el mineral pocas veces tenía la pureza que los patronos requerían. Siempre exigiendo más, y siempre pagando menos por las mezclas, aunque el trabajo hubiera sido el mismo. El capital manda.
Se subía una muestra de cada extracción. Los expertos estudiaban la composición. Hierro casi puro. Eso significaba doble paga. El inglés de turno colgaba el letrero en la ventana, ante la mirada expectante de los obreros. All Iron.
Entre abrazos, all iron, all iron, gritaban los ingleses. Repetían los paisanos, al iron, al iron.
Bajaban, y entre vino y cerveza, celebraban la hazaña con un partido de ese nuevo deporte, ese football.
All iron, all iron, al iron, al iron, alirón, alirón.
Fin del mazo de hierro, al menos por unas semanas. Y siempre me gustó más esta historia que la supuestamente real.
Al fin y al cabo, soy de los que creo lo que quiero.
Suena la corriente: "Our endless numbered days" - Iron and Wine

Estos días pisa tierra firme el Papa. Cientos de seguidores preparan sus macutos, sus camisetas, sus almas viejas y jóvenes, heridas e incólumes, para verle, escucharle, adorarle. Unos lo harán con sus cinco sentidos. Otros estarán simplemente porque creen que hay que estar. Para contarlo. Para compartirlo. Unos, por primera vez. Otros, tras muchas ceremonias, la mayoría ya perdidas en el tiempo. El Papa nos hablará y cantará sobre su Dios, sobre su vida, sobre su sangre y sus tiritas. No sabemos si estará huraño. Demasiadas veces lo es. Una vez le vi sonreir. Lo puedo asegurar, aunque no me creáis. Aunque lo aprecien desde muy lejos. Con sus pantallas gigantes. Sus altavoces. Su voz nasal. Unos le seguirán con fe. Otros, más descreídos, añorarán tiempos pasados. No se aún si podré ir a verle. Es mi intención. Pero demasiadas cosas se interponen en demasiados momentos. Pero el Papa está aquí. El gran Padre Dylan.
Por cierto, parece que también el otro Papa, el pagano, nos visita estos días. Pero este barco no se siente seguro en esas aguas. Y este capitán es demasiado ortodoxo en sus creencias.
Suena la corriente: "Blonde on Blonde" - Bob Dylan
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