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Habíamos instaurado la tradición del whisky de castigo. El último, el que ya casi no entra, el que tumba. Pero también el que dispara lenguas, agota conversaciones y acerca el alba. En el salón de la casa que mi hermano compartía con amigos en pleno Chamberí.
Antes apurábamos las copas oficiales en un garito con música. Más nubes que música, más vidrio que luz.
Empecé a hablar con ella, y él se acercó y dijo algo. Le comenté que no temiera, que mi acercamiento era un simple paso para llegar a hablar con él. Contestó que no temía. Que la noche es la noche y las guitarras la vida.
Y cayeron varios (bastantes) whiskys, hablando de guitarras, de rock, de los padres de todo, de Calamaro y sus abismos, de los suyos, de los míos, de Desperados, uno de los mejores grupos de rock que parió Madrid, su gloriosa versión del Dead Flowers de los Stones (rimar "cuidao" con "underground" era todo un hallazgo castizo), de discos, de vinilos, de música, de vida. De bebernos la vida.
Guille Martín no se unió finalmente al whisky de castigo. Pero nos despedimos como si fuéramos hermanos.
Y estos días lo he tragado por él. Y escuece. Porque ya soy bastante más viejo y porque siempre quedó pendiente. Ráscala, Guille...
Suena la corriente: "Qué hay de nuevo, viejo?" - Desperados

Una tarde, cuando vivía en Paraguay, me acerqué al despacho de una amiga. Estuvimos charlando, y de repente, ella dijo que iba a hacer una llamada a Brasilia.
Saludó con un efusivo mi general, comentaron cosas del día a día, y de repente le dijo, le pongo con un español que vive por aquí, y como quien no quiere la cosa, me pasó el teléfono.
Azorado, sorprendido, balbucí un inepto h… hola, general. Me soltó cuatro fruslerías amables y ya está.
Eso es lo que ocurrió, o al menos como lo recuerdo. De mi boca no salió, pero en mi mente estaba, y bien escrito, pedazocabrónahítemueras.
Años después, mi sentencia mental se ha hecho realidad.
Ése fue mi silencio. Vamos, a mi lado, Gunter Grass, un panoli.
Suena la corriente: "West of the west" - Dave Alvin

No todo ha sido descanso laboral en este periodo de relajo. Apenas quince días, que se han unido a otros quince días cansinos, vagos, de fluir absurdo y holgazán.
Pero aún se encuentran momentos dispersos de felicidad. Que mezclados con el trabajo cuando otros simplemente hacen goma del estío, saben mucho mejor.
Y pasas dos días con gente que quieres, en la montaña, sintiéndote perdido cuando sabes que nunca será así. Porque caminas por la morada de la diosa Mari, la madre tierra, como tiene cada lugar de este mundo, capaz de venerar lo que destruye. Pero Mari favorece y castiga, sus lamias te acompañan mientras no las enfurezcas, paisajes retorcidos, sinuosos, sudor y belleza, leyenda.
Y duermes en Supelegor, útero de la tierra, donde el ojo no se habitúa al silencio ni el oído a la oscuridad. Porque no hay sentidos.
Y me doy cuenta que ahí dentro, no me importa la ausencia de mi música, de mis libros, de mis periódicos, de mi mundo. Los deseo, pero no los extraño.
Ahí dentro no sé si soy algo, pero lo siento. Aunque hoy sea consciente de nuevo que aquí fuera puede que sea algo, pero no lo siento.
Suena la corriente: "The lyre of Orpheus" - Nick Cave

Hoy, 11 de agosto, hace un mes desde la última entrada. Hoy, 11 de agosto, hace tres años desde la primera.
Esta barcaza se va haciendo vieja.
Y no, no está encallada. Sólo algo achacosa.
Suena la corriente: "London calling" - The Clash
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