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La carretera que une Medellín con el aeropuerto es un placer. Un viaje de una hora entre verde, estancias, ranchos, parrillas, por una ruta sinuosa de dos carriles, con muchas curvas que mi taxista emplea a fondo para, aprovechando que la visibilidad es nula, adelantar a toscos camiones. Pero uno se deja llevar. Tienes la extraña sensación de que nada va a pasar. Incluso cuando tres coches (el nuestro en el centro, por supuesto) ocupamos en paralelo ambos carriles.
Tengo ganas de decirle al chofer que pare en uno de esos ranchitos y que nos comamos mano a mano algunas carnes a la brasa. Malditas horas de embarque. Cuando lo comento, me dice que seguro que el avión espera, que por él encantado de darnos un homenaje carnívoro. Y por mí, también.
Antes he tenido tiempo de empaparme de nuevo de la América de calor, ombligos, gritos, olores, colores, venta ambulante (señor, no dirá que no a unos collares, a una funda para el móvil, a un CD, a un polvito blanco que levanta el ánimo), tráfico imposible, esas calles que logran agotar los sentidos en cuestión de minutos.
En una ciudad empapada por Botero, me quedo encantado con los escribas, que ayudados de viejas máquinas (de las ya ausentes), te completan un formulario o te preparan cualquier documento. Tengo ganas de dictarles una carta en la que decirle a Ella que ya llego, que en dos días estoy, pero que querría vivir estas sensaciones a su lado, porque la vista, el tacto y el sabor fijan más, mucho más, que mis torpes letras y fotos. Y una vez escrita en vieja tinta, decirle al escriba que la guarde, hasta que la destinataria pueda recogerla en persona.
Bogotá está de nuevo lluviosa y fría. Poco más queda por apurar.
Suena la corriente: "I can't write left handed" - Bill Withers
Navegado en Bogotá, Colombia

Me contó hace tiempo que cuando estaba baja, escuchaba Over and over (haciendo estricto uso de su sentido). Siempre su querido Young. Cuando estoy bajo, acudo a todo lo que me recuerda a Ella. Me reconforta. Y vuelo entre Bogotá y Medellín con el Over and over una y otra vez. Y casi prefiero que no aterrice.
Juanma del Olmo ha decidido compartir sus cosas. Porque quiere que no sólo sean suyas, o por todo lo contrario, porque el que otros las lean las hace mucho más propias. Y me alegro de tener mis ojos ahí. Propone una lista de canciones para viaje nocturno. Tomo nota, y sonarán en un ida y vuelta por estos cielos.
Paseo por una lluviosa Bogotá escuchando el último regalo musical de CV. Me gusta que lo haga sin aviso previo, sin periodicidad establecida, cuando le da la gana. O cuando lo necesita, que al fin y al cabo es lo mismo.
El bicho escribe una crónica del boss aprovechando su gira. Descarnada. Descreída. Triste. (La crónica). Me gustan sus letras (las del bicho), aunque siempre aspiro tristeza. Leo de cada disco y lo escucho.
Reconozco que cuando pasas decenas de horas en aeropuertos, en aviones, en hoteles que son más cárcel que cama de paso, la maquinilla es toda una necesidad. Más de 600 discos (sí, siempre he sido de LP completo, cosas de la edad) en una cajetilla de tabaco es un sueño. Unos pequeños altavoces, una cajetilla de las de verdad, humo y un trago. Las paredes de hotel son menos grises.
Pero estos días me apetece dejarme llevar. Que otros me propongan. Busco y husmeo. Que los sonidos de otros sean los que me acompañen. En eso estoy, agradeciendo a quienes me prestan sus rutas.
Y mañana podré caminar un rato por una Medellín que aún se me escapa. Será otro día, mientras sueño con nuevos aviones, en Diciembre, y esta vez con Ella.
Y me encuentro esta nota manuscrita encima de la mesilla: "Bienvenido, señor. No dudemos de la voluntad de Dios, porque el hombre triunfador no es aquél que se aleja dejando huella, sino el que se queda pisando fuerte. Su camarera Mayola."
Y creo que la buena de Mayola se ha equivocado de huésped.
Suena la corriente: - "Twist and shout" - Bruce Springsteen
Navegado en Medellín, Colombia

Y Springsteen por allí. R. ya vendió las entradas que pensábamos disfrutar. Y me llaman desde la arena de Las Ventas para contármelo.
Y Ella por allí. Y yo una vez más al otro lado del mundo. Sintiéndome cada vez más cargado, con más peso, más viejo. Y viviendo al menos estos días como una liberación de otros infiernos. Pero sin Ella. Y nada es lo mismo.
Llueve y hace frío. Y gritan it’s party time. Pero prefiero la acogedora e impersonal habitación del hotel. Aquí con mis músicas me siento mejor. No me gusta sonreir cuando no hay motivo. O yo no lo encuentro.
¿La ciudad? ¿Qué ciudad? Ah, sí. Cada vez me entero menos. Ya ni pego la nariz. Ya ni abro los ojos en el taxi. Pesan.
Pero eso sí, aún me queda tiempo para otro culo de vaca. No va a faltar, no. Queda una semana que huele a eternidad.
Suena la corriente: "Alice" - Tom Waits
Navegado en Bogotá, Colombia
Freddy Fender (4 Junio 1937 - 14 Octubre 2006)

Hay cosas que es mejor ni mentarlas. No sabes ni cómo ni cuándo. Escribía desde México hace unos días sobre los Texas Tornados. Recordaba al fallecido Doug Sahm. Siete días después se ha ido también Baldemar Huerta. Vamos, Freddy Fender.
Y yo, de vuelta, creo que tengo fiebre.
Bueno, ya se que nada tiene que ver. Mis toxinas, que ahí siguen.
Suena la corriente: "Texas Tornados" - Texas Tornados

Vago por aeropuertos, con los ojos abiertos sin apenas ver, con un libro en la mano y un periódico arrugado.
Avanzo hacia el norte, y ya me rodean sombreros Stetson, botas que extrañan otros suelos y hebillas nada discretas.
Escucho a Scott Miller. Me gusta descubrir esta clase de gente, hermanos de Steve Earle, hijastros de Neil Young. Citation sabe bien. O yo no le pido más que lo que me da. Y Jim Dickinson mueve los hilos detrás. Sigue siendo muy grande.
Paso por delante de una clínica que promete oxigenamiento hiperbárico. Mis toxinas se asustan, noto cómo se abrazan, se protegen.
Tranquilas. No pasa nada. Yo sigo lejos de lo que quiero.
Suena la corriente: "Citation" - Scott Miller
Navegado en Monterrey, México

Con los ojos abiertos, como siempre, y no veo nada. Aeropuertos, hoteles, ferias. Con los ojos abiertos recorriendo las arterias de otro monstruo.
Me dejaba enganchar esta mañana, mientras volaba entre Guadalajara y el D.F., por las fronteras rítmicas que marcaron Texas Tornados. La gran banda de estrellas (Sir Douglas Quintet, Freddy Fender, Flaco Jiménez) creadores de sonidos que evocan los lugares donde un monstruo mayor levanta muros. El ciego que no quiere ver.
El gran Flaco Jiménez, mezclado con las letras de Neal Cassady, en quien busco claves de por qué inspiró a tantos de aquéllos. Entremezclo fronteras, porque México parece buscar al hermano brutal que vive al norte.
El tequila y la sangrita destrozan mi estómago, siempre débil. Pero si olvido lo que me gusta, estaré menos sano aún. Comparto algún trago, con el peso del sueño. Y uno habla de la oreja del pintor que se la cortó. Ayer actuaban en Guadalajara. Y dicen qué pena no haber ido, verdad? Y pido otro tequila. Este dolor es mejor que el propuesto. Y otro más allá suelta que con mucho hubiera preferido beber con los Texas Tornados. Y creo que sueño, pero no estoy tan solo. Parece. Diez personas de sus padres y de sus madres, y dos que disfrutamos de brebajes parecidos. Así que sorban los otros las orejas. Que yo me quedo con el sabor del mezcal. Y con el recuerdo de Doug Sahm.
Bebemos escuchando un mariachi. Pero son cubanos. Vestiditos de mariachis, pero de la isla. Y tocan un corrido y tres sones, una ranchera y cuatro montunos.
Mi estómago cruje. Protesta. Y yo, como siempre, pienso en Ella. Mañana toca seis horas de feria. Y el domingo más. Y sigo pensando en Ella.
Suena la corriente: "Hangin' on by a thread" - The Texas Tornados
Navegado en México D.F.
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