Ah, qué fantástica esta sociedad que nos hemos montado, que a cualquier problemilla le pone un nombre y ya estamos tranquilos. Y si ese nombre es un síndrome (o un virus si se nos resiste la inventiva), entonces ya quedamos de lo más modernos.
Yo, que no soy otra cosa más que un viejo cascarrabias al que sus biorritmos se le derriten a cada cruce de calles, sé que siempre tengo para cada ocasión una excusa a la medida. Y ahora toca la astenia primaveral, el fabuloso síndrome de la primavera, de síntomas tan habituales en el ser humano como nuestra inherente majadería.
Y no, no creo que sea el buen tiempo. Lo achaco más bien a una cuestión de mis genes humorísticos, que se me revolucionaron un buen día (por las hormonas o por la mala vida, vaya usted a saber), y ahí siguen, buscándose aún hoy entre ellos. O bien será uno de mis yoes, de aquéllos que ya presenté en sociedad hace tiempo.
Pero la naturaleza es sabia, se preocupa por nosotros, nos mima, y nos busca remedio.
Y a mi lado, piel con piel, Ella florece a cada rayo de sol, y mis genes se arrebujan a cada sonrisa.
Y es que como dijo el otro, Ella es feliz al sol. Y yo. Seres al sol.
P.D.: la primavera (con síndrome o sin él). Ya se sabe.
Suena la corriente: "She's only happy in the sun" - Ben Harper
miércoles, abril 18, 2007
Rezar a mi santoral
Resulta que ahora media Europa utiliza el tiempo que pasa haciendo colas para ligar. Y claro, uno, que cada vez se considera (o le gustaría considerarse) más ajeno al género humano, tiene un nuevo motivo para aborrecerlas. En las colas me enfrasco en una lectura o en una canción, todo por dejar de sentirme rodeado.
Pero ahora en casa, desgrano las doce canciones de otros que Patti Smith hace suyas, desprovistas de oropeles musicales, centradas en letras y sentimientos, queriendo a sus autores, doce canciones que parecen una continuación de su anterior Trampin’ si nos olvidamos de que las conocemos.
Siempre tuve la idea de Patti Smith como alguien que transformaba su debilidad en rabia y fuerza sobre un escenario. Pero claro, la imagen estaba muy engrandecida tras su matrimonio con Fred Sonic Smith, alma y fuego de MC5. Nunca he sido iconoclasta.
Sonic Smith murió y ella volvió. Y me gusta seguir con respeto y disfrute su actual carrera. Madura, dicen. Maduros, somos. Aunque siempre espero que únicamente en edad.
En Twelve comparte canciones que por letra, sentimiento o lo que a ella le dé la real gana, le tocan la fibra. Sensible o no. Los discos de versiones son complicados, pero sus tórridas actuaciones de los 70 le han curtido en ese trance. Y lo mejor es que pueda/quiera hacerlas suyas.
Teniendo en cuenta que, cada vez más, los años de la música que escucho van en orden inverso a los años que nos vamos bebiendo, me quedo aquí, refugiado en estas doce canciones. Y es que, repito, me gusta rezar a mi santoral.
Suena la corriente: "Smells like teen spirit (Nirvana)" - Patti Smith
viernes, abril 06, 2007
Uno de los últimos trovadores
La historia de la música popular americana. Bonita historia, plagada de gente que con una guitarra a cuestas y unos versos en la boca ha sido capaz de hurgar en sus heridas, las propias y las recibidas.
Por estas aguas nadan habitualmente muchos de esos trovadores, que a pesar de los lugares comunes que habitan, siempre son capaces de escupir ácido a unos ojos cegados por algo más que unas simples cataratas. Son gente solitaria y solidaria, aves raras que pican en todos los palos musicales que encuentran en su vagabundeo.
Hace dos años rompió el silencio que en discos de su autoría duraba desde 1987. Y con Chavez Ravine alzaba un grito por la dignidad de un barrio que luchaba contra la especulación inmobiliaria, un grupo de desclasados, obreros e inmigrantes que hacían frente al oropel capitalista de Los Angeles. Perdieron, por supuesto.
Estos días nos entrega una fábula musicada que anclada en el pasado derrama alcohol sobre la conciencia más pacata de esa América beata, obesa, obsesa, conservadora y reaccionaria, que aunque siempre ha estado ahí (no siempre agazapada), ha vendido definitivamente su alma a la muerte.
My name is Buddy cuenta las aventuras de un gato vagabundo, rojo de pelo y de ideas, que entre huelguistas, obreros, sindicatos, camioneros, seres que enfrentan la pobreza, recorre la enorme sima de la Gran Depresión de los años 30. Hay blues, folk, polkas, tex-mex, corridos, rock, gospel, country, hay diatribas, discursos, hay alma y gritos, hay toda una historia de lo que fue y ya no es.
Ry Cooder es un ave rara. Uno de los últimos trovadores, cantor y rojo. Son sólo acordes, pero encierran verdad.
Suena la corriente: "Three Chords and The Truth" - Ry Cooder
lunes, abril 02, 2007
Un buen humo
Ayer escribía esto. No se publicó no por un error técnico. Por un error emocional.
Nos sentamos en el porche. El viejo Robaina, nuestro anfitrión, nos ofreció unos vasos de ron y por supuesto, habanos de su producción. Los saboreamos mientras nos contaba la liturgia a seguir, la mística que rodea a la planta del tabaco. Reía y contaba chanzas. El calor de Pinar del Río golpeaba, pero ver la amistad entre el gran productor y mi hermano, atenuaba la sensación de agobio.
Me sentaba cada tarde en el sofá del salón de fumadores. El aire acondicionado se agradecía, aunque el sudor lo relacionaba de inmediato con el humo. Pero esta parada en mi callejeo habanero diario se empezaba a convertir en rutina. Orlando Quiroga me contaba viejas historias de revolución y mitos. Y sobre todo, de tabaco. Me regaló sus letras "Arte y mística del habano". Dejó escrito en la página 2, sobre una foto de un fruto de una vega siempre preñada comenzando a quemar, "para el amigo, con buenos deseos y un poco de magia".
Ayer veía a Wenders y Shepard. Un trago y un habano acompañaban. En vísperas de otras liturgias y místicas, me dejaba envolver por el humo y el rojo de la hoja ardiendo. Un buen momento. La noche fuera. Y el viento del norte soplando.
Ayer escribía esto. Pero ayer era domingo. Y hoy, lunes, todo vuelve a parecer absurdo y estúpido. Incluido el río.